Dicen que cuando te despiertas de los sueños no queda nada, pero estoy
convencido que cuando MERINO se despierte de la resaca emocional
de su concierto en La Sala del Wizink Center de Madrid, se
van a dar cuenta de que se llevan los bolsillos llenos de una vivencia única
que recordaran para siempre. Merino se adentran por derecho propio en la
carrera de aspirantes con opciones a ser los cabeza de cartel de los
festivales y eventos musicales del final de esta década. Se adentran en una
senda que les tocará bailar con lobos, pero siempre hay luz en el fondo,
que esperando sentados, no se llega a ningún lado y que van a tener hueco
en todas las fotos que ellos deseen.
Eran las 21:05 cuando se apagaron las luces de La Saladel
Wizink Center de Madrid para dar comienzo a los Himnos de Guerra que
Merino iban a presentar en directo ante una sala con el cartel de "entradas
agotadas" hace bastantes días ya. Bailando con Lobos abrió la
noche y fue seguida por Charlas y Cadaques.
Acostumbrados a que últimamente los conciertos se han convertido en la
reproducción de temas, uno tras otro, sin que realmente pasen muchas más
cosas encima del escenario, más allá de la última moda de bajarse a cantar
entre el público que ahora repiten todas las bandas, pues llega Merino para
llevarnos la contraria a nuestro pensamiento y poner en jaque nuestras
ideas preconcebidas. Hacen de su show una completa performance sonora,
visual y se agradece que pasen cosas que nos tengan con la atención intacta a
cada momento. Cambios de vestuario al más puro estilo Pulp
Fiction o Reservoir Dogs, apariciones y desapariciones de escena,
focos a la mesa de sonido o Sandra bajándose con la guitarra a tocar a
mitad de las sala sin micrófono.
Los madrileños llegaban con varias colaboraciones de nivel bajo el brazo
como las de Mikel Izal e Ivan Ferreiro y nos
regalaron una preciosa versión de Generación Triste con
Chica Sobresalto
. El set list hizo cantar a todos los asistentes a ritmo
Bomba de Humo, El Precipicio, Hacia Otro Lugar
o Cerca del Invierno que nos encaminaban hacia la parte final
del show.
Si hoy tengo que decir, a tenor de los discos y del concierto del sábado,
¿Cómo es y a que suena Merino? Creo que es complejamente sencilla la
respuesta. Merino suena a nuevo pop, a música fresca con letras
importantes (para sí las quisieran algunos de los culturetas grupos del
manido indie), con un directo inusualmente bueno para un grupo tan joven y
con Sandra, una líder con las tablas sobre el escenario de una veterana y
la mirada dulcemente ilusionada de una principiante. Ver a Sandra con esa
soltura sobre el escenario y haciéndolo suyo con sencilla naturalidad, me
evocó a retazos de tiempos pasados y no sabemos si de un futuro mejor.
El bis final de la noche, de casi dos horas de concierto, llegó con Que
no se Entere Nadie y con, posiblemente, uno de los mejores temas de
la banda que va a ser himno como es Apareciste. Y si,
llenar de color y luz la vida no es cuestión de dar un salto, sino de saber
que se nos pueden llenar de color los recuerdos grises y que se nos pueden
olvidar los momentos tristes con canciones….porque apareciste.
Sin contar con la irrupción meteórica de Arde Bogotá que se
ha colocado, con solo dos discos, en la parte alta de los carteles de todos
los festivales de este país, con legiones de fans que cantan de manera
mesiánica cada uno de los temas de los de Cartagena y Antonio, un frontman
emblemático al más puro estilo de los líderes de bandas de los 90, estoy
convencido que Merino es la otra banda llamada a liderar la música
nacional en la última parte de la presente década.
A días de mierda…canciones de Merino.