BUNBURY: Una lección del Licenciado.

Bunbury en Cadiz

Rodeados por el mar, con una suave brisa marina y envueltos en la magia de la noche, un escenario aguarda pacientemente ser asaltado por un terremoto emocional, por el artista equilibrista.

Todo está listo y preparado, la emoción flota y se palpa en el ambiente, la ansiedad por verlo, por tocarlo y por escucharlo aumenta por segundos. Estamos como en casa, es como una reunión de amigos, de unos 2.000 amigos. Incondicionales venidos de todos los confines, entregados en cuerpo y alma, nerviosos y emocionados, esperando que se enciendan los primeros focos y comiencen a sonar los primeros los acordes de El solitario. Son el preámbulo de lo que se nos viene encima, todo es emoción, mucho tiempo sin venir por estas tierras, muchas ganas de verlo, deseosos de recibir al aragonés errante, un huracán al rojo vivo de pies a cabeza que nos llevará a un viaje que todos quisiéramos que fuera interminable, aunque no nos lleve a ninguna parte.

Al fondo del escenario su inconfundible silueta arranca la primera ovación de la noche. Con sus gestos característicos, exagerados a veces, imposibles de realizar por un simple mortal, aparece una figura clave de la música española -por mucho que le pese a más de uno- un músico que sabe lo que quiere, hace lo que quiere y quiere lo que hace, así de sencillo.

Empezamos con Irremediablemente Cotidiano, una critica a la rutina, al entorno y la actualidad que nos rodea. La noche se caldea al instante y todo el mundo se entrega en cuerpo y alma al espectáculo que acaba de comenzar, ya nadie mira a otro sitio, todos son iguales, todos ven lo mismo, todos son una misma voz.

La maquina ya está en marcha, nada ni nadie la van a parar, ni La señorita hermafrodita, ni El extranjero. Nos canta nuestro Enrique con la fuerza, la contundencia y la chulería que le caracterizan y que le hacen único e inigualable. Se hace patente su profesionalidad, la precisión y coordinación de todo el equipo cuando vaya usted a saber por que un fallo técnico nos dejan sin luces en el escenario y con fallos en el sonido. Bunbury, el capitán del barco lo tienen todo controlado y con un gesto de autoridad y cariño señala a su derecha, al faro que nos escucha pacientemente y le da las gracias por echar una mano y darnos la luz que necesitamos. Continua con Ódiame, para pedirnos El rescate de su persona y sus sentimientos e inmediatamente indicarnos que No me llames cariño. El público ya está entregado, ya estamos todos convencidos a seguir la noche hasta que amanezca, que mejor que Animas para convencernos totalmente de que así será.

Nos siguen Los habitantes que nos piden Sácame de aquí y para desearnos a los presentes Que tengas suertecita. Metidos en un túnel del tiempo hacemos un recorrido por los años pasados pero no tardamos en volver al presente y lamentándonos de El día de mi suerte volvemos hacia atrás unos años para recordar a nuestra Lady blue, renovada, suavizada, actualizada.

Llega el mejor momento de la noche, el tema lo merece, seriedad, emoción y sentimientos a flor de piel, muchos coincidimos que es el mejor de todos los que ha compuesto y en directo gana, engancha y apasiona a todos. De todo el mundo nos deja con la boca abierta y los pelos de punta. Ahora ya somos capaces de decir Si a todo lo que nos pida El hombre delgado que no flaquea jamás.

Primera despedida de la noche, que no es tal, ya que enseguida vuelve a las tablas el maño con nueva versión deSan Cosme y San Damian, solicitando con mucha fuerza Bujías para el dolor deseando que el momento sea Infinito y pidiendo que tú hagas tu Apuesta por el Rock & Roll.

Ahora si es ya momento de ir yéndose poco a poco, hacia El tiempo de las cerezas, recordando los compañeros de camino y como Al final se ha de despedir un hombre de mundo.

En definitiva, un concierto con muy buena nota, donde hemos paseado en el presente y en el pasado, con la misma fuerza y can las mismas ganas de siempre, donde no hace falta preguntar si tenemos algo en común , eso ya lo sabemos todos de sobra.

Texto: Montse Cuellar.

Foto: Fernando Sánchez.

Autor: Víctor López
Lugar: Castillo de San Sebastian (Cádiz). 23.08.12
23 de agosto de 2012