FESTIVAL GIGANTE 26

FESTIVAL GIGANTE 26

Hay festivales que se miden por el tamaño de sus escenarios, por la cantidad de nombres internacionales de su cartel o por las cifras de asistentes. Y luego está el Festival Gigante, que lleva doce ediciones demostrando que su verdadera dimensión está en otra parte: en convertir durante tres días Guadalajara en un punto de encuentro para quienes entienden la música como una forma de celebrar el final del verano.

Del 27 al 29 de agosto, la explanada del Paseo del Ocio volvió a llenarse de guitarras, canciones, bailes, reencuentros y público dispuesto a aguantar hasta las últimas horas de la noche. La duodécima edición llegaba, además, con una novedad importante: una jornada inaugural gratuita que servía para abrir las puertas del festival a toda la ciudad.

El jueves fue, por tanto, algo más que una víspera. Fue una declaración de intenciones. La Cabra Mecánica y Ángel Stanich pusieron sobre la mesa dos maneras diferentes de entender el rock y la canción de autor, mientras nombres como Ángela González, Calequi y Las Panteras, Comandante Twin o Estrogenuinas demostraban que el festival sigue reservando espacio para descubrir nuevas propuestas.

Pero si algo define al Gigante es precisamente esa mezcla. No hay una única manera de vivirlo ni un único sonido que domine el recinto. El cartel de 2026 volvió a apostar por juntar artistas consolidados con bandas emergentes, propuestas pop con guitarras, electrónica con sonidos de raíz y nombres capaces de atraer a públicos de generaciones diferentes.

El viernes llegó uno de los platos fuertes. La M.O.D.A. asumió el protagonismo de una jornada en la que la energía fue creciendo a medida que avanzaba la tarde. Su mezcla de rock, folk y canción popular volvió a encontrar en el público del Gigante un terreno especialmente fértil. Después, Ultraligera aportó una descarga de electricidad que confirmó por qué el grupo se ha convertido en uno de los nombres jóvenes a seguir dentro de la escena nacional.

La jornada también dejó espacio para Repion, Ortiga, Aiko el Grupo, The Molotovs y Ona Mafalda, entre otros. Una sucesión de conciertos que convirtió el viernes en una de las noches más completas de esta edición y que volvió a poner de manifiesto una de las grandes virtudes del festival: la posibilidad de saltar de un escenario a otro sin saber exactamente qué descubrimiento musical espera al otro lado.

El sábado llegó la despedida. Y, como suele ocurrir en los festivales, también llegó esa mezcla extraña de cansancio y resistencia que aparece cuando el cuerpo empieza a pedir descanso pero nadie quiere que se termine la noche.

Belén Aguilera, Ginebras, Zahara Rave, Queralt Lahoz y Chimo Bayo aportaron algunos de los momentos más diferentes de la jornada, demostrando la amplitud de un cartel que no teme mezclar generaciones, estilos y formas de entender el espectáculo.

Ginebras llevaron su habitual combinación de descaro, melodías pegadizas y actitud festiva, mientras que la propuesta de Zahara Rave llevó al festival hacia un terreno más electrónico y bailable. Queralt Lahoz aportó personalidad y una mirada propia, y Chimo Bayo convirtió el recinto en una pista de baile intergeneracional.

Más allá de los grandes nombres, el sábado también sirvió para reivindicar el talento emergente. Kitai, Delacueva, Casino Montreal, Miniño, Oslo Ovnies y el resto de propuestas que completaban la jornada recordaron que un festival no solo consiste en acudir a ver a artistas que ya conocemos, sino también en marcharse a casa habiendo descubierto alguno que todavía no conocíamos.

Y quizá ahí reside la verdadera esencia del Gigante.

Porque después de doce ediciones, el festival ha conseguido construir algo más difícil que un cartel atractivo: una identidad propia. La música es el centro, pero alrededor de ella aparece todo lo demás: las conversaciones entre conciertos, las carreras para llegar a tiempo al siguiente escenario, las canciones que se escuchan a lo lejos mientras se camina por el recinto, los grupos de amigos que convierten tres días de agosto en una pequeña tradición anual.

El propio Ayuntamiento de Guadalajara destacó durante la presentación de esta edición el peso cultural, turístico y económico del festival, que en 2025 había generado más de tres millones de euros de impacto económico y cerca de un millar de puestos de trabajo.

Pero las cifras explican solo una parte de lo ocurrido.

La otra se encuentra cuando se apagan los focos y el público empieza a abandonar el recinto. Cuando quedan las últimas conversaciones, las gargantas cansadas y esa sensación inevitable de que el verano acaba de perder uno de sus últimos refugios.

El Festival Gigante 2026 termina así como empezó: reivindicando la música en directo como espacio de encuentro. Doce ediciones después, Guadalajara vuelve a demostrar que no hace falta estar en una de las grandes capitales musicales para convertirse, durante unos días, en el centro de todas las miradas.

El Gigante hace honor a su nombre no por sus dimensiones, sino por su capacidad para seguir creciendo sin perder aquello que lo hizo posible: la pasión por la música, el descubrimiento y las ganas de celebrar juntos el final del verano.

 

Autor: Víctor López
Lugar: Madrid
30 de agosto de 2026