Eran las 12:00 de la mañana del viernes y estábamos, en el hall de hotel, esperando a Ramoncín para entrevistarle. Había tocado, por primera vez en el Sonorama, el día anterior y se había marcado un concierto impecable. Cuando al fondo del pasillo apareció la silueta fina de Ramoncín… un pequeño escalofrió me cruzó el cuerpo. No es fácil sentarte delante de una leyenda de la música y, aún da más respeto, si es alguien del nivel moral y cultural del de Ramon. Fue aproximadamente una hora y media de charla… porque las preguntas de la entrevista fueron, casi una anécdota, al servicio de la conversación. Sin duda, ha sido la entrevista mas larga que hemos hecho y, sin duda, la mas enriquecedora.
No vamos a sacar ningún titular de toda la entrevista porque seria desmerecer cualquier otra parte de la misma. Os dejamos esta joya de entrevista que nos regaló Ramoncin con olor a rock, reivindicación, cultura y esperanza en los valores verdaderos.
No sé si habías tocado alguna vez antes en el Sonorama ¿Qué tal la experiencia? ¿Qué tal el concierto?
R - Bien, bien. Para alguien que hace conciertos de dos horas y 30 minutos…. tener 50 minutos es más jodido, porque no puedes elaborar la historia y a mí me gusta elaborar la historia. Yo tengo mucho material, como 250 o 300 canciones, pero intento mantener una historia. Hay una parte en el concierto que es reivindicativa, una parte sexual… y eso es lo que no te puedes plantear aquí. Desde el escenario tienes que ver qué hace la gente, cómo está la gente y qué gente es. Desde el escenario veo y decido si hay gente suficiente para bajarme y cantar “Como un susurro”. Pero son 50 minutos y es que eso es lo que tardó yo en probar.
Nosotros estuvimos hace unos meses en tú concierto en La Riviera (sala) y anoche en del Sonorama (festival) ¿Que te gusta de cada formato?
R - Pues en la Sala, todo el que ha ido, ha ido a verte a ti y nada más. Alguno, a lo mejor, que se lo lleva al padre “ven, que vas a ver a este” o al hermano. Desde el primer momento en que sales, ya sabes que todo el mundo va a cantarlo todo, que todo el mundo se lo sabe todo… Sobre todo, ves a la gente, ves a las personas porque hay diferencia entre la gente y las personas. Cuando tú ves a las personas, la relación se produce en un ámbito tan íntimo que incluso hay intercambios de guiños… Ves a la gente llorar… Ves a la gente sonreír… Ves a la gente.
Ayer… impresiona. Hubo un momento, a partir de la mitad del concierto, que se llenó todo aquello y tienes que estar muy templado porque impresiona muchísimo.
¿Qué es lo bueno del festival? Te ve gente que hace mucho tiempo que no te ha visto y que aprovecha para venir. Hay gente que no te ha visto nunca y te ve ese día. Eso es una superventaja. Luego hay una parte que es propia del negocio, gente de este mundillo que se encuentra con un artista que está en condiciones o no. El mejor comentario que te puede pasar, cuando tienes una trayectoria tan larga, es que se le acerquen a tú manager y le digan “hijo de puta, ¡¡¡cómo está este!!! Cómo está de fino y cómo está la banda…”. Porque eso ya forma parte del mundillo propio de la música. Eso es lo bueno del festival y combinar una cosa con otra está muy bien.
Para el musico hay tres escenarios posibles. Tú escenario, que es donde a mí me gusta, porque hacemos lo que yo quiero. Hay veces que patinas y te ves en un sitio que solo hay 400 personas. Da igual, tienes que tocar como si hubiera 4.000, tienes que hacerlo clavado, porque eso sí que lo notan y sí que se dan cuenta.
Hay mucha gente que va a los festivales como un día más en la oficina, a mí eso no se me ocurre. Ayer eran 50 minutos, pero había que dejarse el corazón esos 50 minutos.
Luego, hay esas cosas más híbridas cuando te invitan a un sitio que te gusta. Hace dos semanas estuve en Vallecas… En Vallecas había 5.000 o 6.000 personas, y los 5.000 o 6.000 eran todos de Ramoncín. En Illescas, que vamos ahora, está la gente que te sigue de manera más habitual, está la señora que te ve en la tele y los que no ha ido a un concierto desde hace un montón de años. Llega un momento donde la gente deja de ir a conciertos y la gente de mi edad, bien poquitos van a conciertos… pero bien poquitos.
Esos tres escenarios, tú lo que tienes que aprender es a manejarlos y los tres sitios son igual de importantes. El escenario para mí es como el vientre materno, es el sitio del que no te quieres ir. Si ayer cuando me vuelvo, me dicen, “Se han puesto malos los otros, tocas media hora más” … encantado. Como si me dicen que no viene nadie más… y tengo que cerrar esto a las 12 de la noche, encantado.
Ayer comentaste que este era un festival de pasado, presente y futuro. Después de tantos años en la carretera, ¿Qué te sigue motivando a subirte al escenario, hacer canciones o venir a un festival?
R - Creo que voy a seguir haciendo canciones siempre. No quiero hacer canciones que se queden en la cocina de mi casa. Creo que las canciones son cartas anónimas que tú escribes y las mandas… y un día te encuentras con las personas que han recibido esas cartas. Tú metes las cartas en un buzón general, donde no sabes quién las va a recibir, y eso solo lo descubres cuando te subes al escenario. Tienes a alguien cantando lo que tú has escrito y dices “hostias, este ha recibido la carta”. Y de eso puede hacer 50 años o 5 meses. Yo voy a escribir canciones mientras pueda tocarlas en directo porque no concibo la vida de otra manera ahora mismo.
Ya no se trata de ganarte o no ganarte la vida, que esa es otra historia. Nosotros llenamos el Frigorífico en 1978 y sigue lleno. Unas veces mejor y otras peor, pero siempre ha estado lleno desde el año 1978. Este es un oficio que me ha dado para llevar a cuatro hijos al colegio, para llevarlos a la universidad, para todo… es mi profesión.
En todo esto hay una parte que tiene que ver con tu persona. Yo ayer no probé sonido porque probar en los festivales es un rollo, al final, luego se mueve todo. Suelen pasar cosas luego, en el directo, pero ayer salió todo perfecto y sonaba todo en su sitio. Yo no puedo hacer esto como si fuera un día más en la oficina, soy incapaz.
Llegamos aquí el jueves, comimos y, un rato más tarde, pregunté la hora “Eran sobre las 17:30”. Me recogían aquí a las 20:00h y a las 18:00h estaba como un novato… pero igual que un novato. Estaba como para ir a robar panderetas en ese momento. Yo creo que ese es el motor, me ataco mucho y me he dejado la piel siempre. Tocar me pone en un estado nervios muy alto y que cuando no sienta eso, lo dejo.
Te diría que es como el amor. Tú te puedes engañar y tú puedes llevar con una persona un montón de años y preguntarte “¿Qué cosas tenemos en común? ¿Por qué seguimos juntos? ¿Por la casa? ¿Por los niños? ¿Por los nietos?” Te estás engañando, tú tienes que estar con alguien que te metas en la cama y que te ponga a cien, que quieras estar con ella. No solo por follar, sino por dormir abrazados.
La música es lo mismo. Si tú no tienes esa emoción… esa cosa… es que se nota. Yo, vi ayer a los chicos con la emoción con la que salieron y es acojonante. La banda lleva conmigo un montón de tiempo y les tienes que controlar… pero yo estaba ayer como para controlar a nadie.
Cuando a mí me dicen, “Oye, ¿Que tal el bolo?” siempre respondo. “¿El bolo de quién?”. Yo no hago bolos, yo hago conciertos.
En los 80 y los 90 podía pasar cualquier cosa encima de un escenario, ¿no? Ahora está todo más medido, más calculado. Hemos ganado en calidad en el show a costa de locura y espontaneidad. ¿Qué conciertos te gustaban más a ti?
R - Yo tengo conciertos del principio, que me parecen una verdadera locura, pero también es verdad que era mucho más joven. A mí me tocó ir delante en la jungla con el machete abriendo el camino. En el año 1978, los primeros que salen de gira gorda haciendo rock, fuimos nosotros. Miguel Ríos había hecho los conciertos de “rock y amor” pero era una cosa más hippie, otra cosa diferente.
Ese año, el primer disco que sale es el mío. En ese mismo año luego sale el de Asfalto, “maravilloso disco”, Burning, Tequila… pero el primero que sale el 8 febrero, soy yo.
El primero que se encuentra que tiene que ir a tocar a San Feliz de las Lavanderas y que la gente va a ver a un bicho raro…. con un rombo en el ojo, que es marica o que si es drogadicto… soy yo. Aquello era la hostia y fueron tiempos duros de cojones.
Yo he tocado encima de una puerta. En Fontiveros se quemó y explotó el transformador del pueblo, nada más arrancar. En Nájera se fueron las luces y hubo que decirle a la gente que se arrimara al escenario, para tocar a pelo. Vas aprendiendo el oficio a golpes.
El concierto del 85 del Anaitasuna, que está en video y también está en disco, es un concierto de cuatro horas, del que la gente ha visto solo 56 minutos. Fue una puta locura. El otro día estaba viendo un concierto en San Sebastián que está grabado en la gira del 90, y era acojonante. La manera de estar en el escenario, la reacción, las cosas que dices, el público…
En un sitio muy grande como anoche, donde hay un Ramoncín de diez metros, pues algunos miran la pantalla, otros el móvil, otros se vuelven a hablar y otros están dando la espalda al escenario. Eso me mosquea un huevo… “¿Qué es eso de estar hablando todo el puto concierto? “. Oye, no es mundial. Ponte un concierto en Estados Unidos de Hootie & The Blowfish, de Darius Rucker, el cantante, no ves a nadie que esté hablando o que no le esté interesando lo que ocurre en el escenario.
Hablo con Suso esta mañana (Suso36), reciente Premio Nacional de Artes Artísticas, que es quien ha diseñado el fondo del escenario, sobre una idea mía. Hace unas performances musicales, pinta a dos manos, muestra los cuadros y hace algo realmente interesante. Me contaba que estaba pintando un cuadro, en la inauguración de una exposición, y la gente está de espaldas, charlando con una copa en la mano. Me parece increíble que vayan a una exposición de pintura y estén dando la espalda a los cuadros.
Eso es lo que creo que más ha cambiado significativamente. Por la necesidad que tiene la gente de decir donde están, te dan la espalda. A mí esto me toca los cojones. Cuando voy a una sala que es tu público, bromeando, tienes que decir “eh, móviles en el bolsillito y luego grabáis en litros de alcohol” que me parece de puta madre. Yo creo que eso es la mayor diferencia que hay entre los conciertos de ahora y los de antes
Tus primeras canciones formaron parte de una España en blanco y negro, de calle, de barrio que luchaba por salir adelante. Ahora nos han convencido de que somos esa clase media acomodada que vive en los “Paus” y que ya lo tenemos todo hecho. ¿Crees que la sociedad acomodada aleja a los nuevos músicos del rock y de las letras comprometidas?
R - Pues yo creo que no. Había una esperanza puesta en el urbano que era de puta madre. Los primeros chavales de los grupos de hip-hop que hubo en los años 90, que se estaban alejando de la música más indie, creo que eran los únicos que reivindicaban cosas con las letras, que hablaban del barrio, que hablaban de las cosas. El problema es que esto se adocenó muy rápido porque es un estilo, una forma de hacer música, que curiosamente ha enganchado perfectamente con lo más comercial. No sé si el rock, en algún momento, ha sido adocenado… yo creo que en general no mucho.
Hay grandes artistas españoles y extranjeros que se supone que hacían urbano y les ha ayudado a meterse. Han conseguido mezclarlo, hasta con el reggaetón, y convertir esas canciones en una cosa muy masiva. En el momento en que tú te metes en un rollo masivo, el primero que viene a decirte “cuidado con lo cantas”, es la compañía de discos. Son los primeros que dicen “este tema”, los primeros que te dicen “esto no puedes”, “no se te ocurra decir eso” o “no se te ocurra hacer aquello”. Al final, la gente piensa que, si no se moja en nada, se compra una casa que no lo podía ni soñar, cuando la gente de su edad está pagando 700 pavos por una habitación, en un barrio del extrarradio de cualquier ciudad.
Claro, por eso no hay mucha gente reivindicando. El cantautor, es el primero que reivindica, pero el cantautor tiene muy poco altavoz, muy poca proyección. Ismael Serrano, mira que canciones tan bonitas… o todos los que estaban antes como Pastor o Aute y toda esa gente que no tienen el mismo altavoz.
A mí me parece que ahora hay más por lo que quejarse y luchar, que en ningún momento. Yo no me corté ayer, la tercera canción lo dije “Si vuelven los fascistas, es que algo anda mal”. A mí no va a venir nadie a decirme lo que puedo o no puedo decir, o lo que debo… ni ahora, ni nunca. ¿Pagas un precio? Sí, encantado de la vida.
No quiero ningún fascista en mis conciertos. ¿Cuántos hay en una sala de mil personas? ¿Cuántos fascistas podrían venir a verme a mí?... ¿Cinco?... ¿Cincuenta?... Que no vengan, que no vengan. Tienes que tomar esa determinación en tu vida y no ponerte de perfil. Haber hecho creer a la gente que, porque vives en Las tablas y tienes el coche en el garaje, ya eres clase media, es un despropósito. Te levantas por la mañana y vas a currar, tienes un jefe, te pagan y te dicen cuando te vas de vacaciones… tú eres un trabajador. Formas parte de la clase trabajadora, que es la clase más orgullosa de la que podemos estar en el mundo. Pero haberme convencido de que soy clase media es peligroso.
¿Eres realmente clase media? ¿Vives de las rentas? ¿Tienes tierras? Pero eso interesa porque todo lo que tengo no lo quiero perder. ¿Por qué se producen las revoluciones? Porque no tienes nada. El que tiene una casa y luego otra casa en la playa y el plasma y el coche y la ordenata y los móviles… ¿qué revolución va a hacer? Por eso hay que tener mucho ojo, porque también puedes perder todo eso.
Tus letras siguen completamente vigentes 30 años después ¿Por qué crees que pasa esto? ¿Cómo ha evolucionado tu forma de componer en todo ese tiempo?
R - Creo que es porque están vivas. Hay canciones que se mueren, que automáticamente desaparecen o que el tiempo ya no hace que la gente las entienda en su primera persona. Cuando pienso en ese primer disco, con ocho canciones, y que seis de ellas hablen de cosas que pasan hoy, no me produce satisfacción. Al contrario, me preocupa.
Hace solo tres años mataron a un tío en Galicia al grito de maricón. Hace bien poco, a unos chavales, se bajaron unos tíos de un coche al grito de maricón y los inflaron a hostias. Marica de terciopelo lo escribí porque había un tío en mi barrio que lo llamaban Antonio el marica. No era ofensivo en ese momento o no lo sabíamos que era ofensivo. Nos decíamos algo así como “Oye, vete al kiosco de Antonio el Marica a por unos cigarritos”. El kiosko lo tenía en la calle Riego con la calle Áncora y Antonio el Marica se pintaba el ojo y llevaba tacones. De vez en cuando, el kiosco estaba cerrado y Antonio volvía a los dos o tres días, con el ojo hinchado y la cara hecha una mierda. Lo habían pillado los maderos, se lo habían metido en la DGS y lo habían metido todas las hostias del mundo. Yo escribí esa canción pensando un poco en él y hablo de Honoré de Balzac. Es una canción basada en la literatura de los poetas franceses que escribí con 17 años. Que a mí me sirva para lo mismo esa canción ahora. Me produce escalofríos.
El loco de la calle Larga está hablando de un tío con problemas mentales que se tiró por la puta ventana al lado de mi casa. Yo canto El Chuli normalmente y al Chuli lo mataron hace más de 50 años. Hace 3 años mataron a un chaval, a puñaladas, en la calle del Comercio de Madrid. Isaac, era un chavalito que tenía autismo, no quería juntarse con una banda y lo mataron a puñaladas. Hostia, ¡¡¡puedo cantar el Chuli y dedicárselo a Isaac!!!
El nuevo tema que tocamos se llama “No Volarán” y son latigazos. “Hay que nadar hacia el cielo y defender la verdad, Esos labios mentirosos”. Todo eso hay que interpretarlo. Yo no espero que lo interpreten chavales que no están acostumbrados a oír eso. Espero que la gente que tiene interés de verdad por las canciones, por las letras de las canciones, la lea y diga “Hijo puta, está pegando sin compasión” desde un punto de vista poético.
Que lo que tengo que hacer yo con 70 años, de puta madre. La puta pena es que no lo hagan los de 20 también.
En tiempos que se llevan otros estilos ¿Crees que el rock sigue siendo una herramienta vigente para denunciar y para provocar reflexión?
R - Creo que el sigue siendo lo que más, el rock de cantautor. Hay otro tipo de rock y muchas más cosas.
Yo soy muy amigo de la gente de Saratoga que es una banda de heavy metal. Están Nico del Hierro y el cantante, que son con los que más relación tengo. Ellos hacen otra cosa, pero lanzan unos mensajes que te cagas. Es una música que no tiene nada que ver conmigo, absolutamente nada musicalmente, pero a la vez digo… hostia que bueno.
A mí toda esa música lineal no me gusta nada. El problema que tenemos, que es la mayor censura que existe, es la falta de difusión. No es que no haya buenos grupos, no es que no haya bandas americanas que graben unos discos que te cagas… Es que no los oyes.
Tú haces a una encuesta y preguntas “¿Quién aquí oye a Chris Stapleton?” Vas a flipar porque no lo conoce nadie. Chris Stapleton ahora mismo es una de las más grandes estrellas que hay en Estados Unidos. Es un músico del sur profundo. Si buscas el penúltimo disco, es un disco en portada blanca, tiene una canción que se llama Cold. Si esto se exhibe, si la radio pone esto… ¿en qué minuto esta canción no deja de ser un éxito mundial en cualquier lugar? El problema es que no lo pone nadie aquí, no existe aquí. Todo esto es una forma de censura muy fina.
Tú has vivido la época pre-internet y pos-internet, la época de los tiempos grises de la transición y los tiempos modernos. Antes la música no tenía muchos recursos y ahora es un consumo de música de usar y tirar. ¿Es difícil ahora hacer música comparado con antes?
R - Es más fácil que nunca. Desgraciadamente va a ser mucho más fácil todavía. Con ChatGPT lo va a tener tirado. Hay una aplicación por ahí que se llama Mozart que le dices “quiero esto y que suene así”. El problema es que todavía algunos lo distinguimos y a mí no me han colocado todavía nada de ella.
¿Cuál es el problema? Las plataformas van a meter miles de canciones de ellos, dueños de las canciones, de los derechos y las van a mezclar con las canciones de los artistas. La gente va a tener que aprender a distinguir.
¿Qué era lo que se distinguía en mi época? Quién hacía playback, tan sencillo como eso. En mi época eso ya era lo peor. La gente salía del concierto y decían si la mitad de lo que sonaba estaba grabado y si hacían playback. Ahora es muy jodido porque las herramientas son la hostia.
Antes te tenías que plantear... Primero tengo que aprender a tocar mi instrumento o tengo que dominar mi voz. Después, tengo que buscar una gente que haya hecho el esfuerzo de aprender a tocar los instrumentos. Me tengo que meter en un local, en un garaje, en la parte de atrás de la frutería de mi madre y vamos a ir ensayando a ver si conseguimos hacer más canciones.
Ahora es mucho más fácil, pero no creo que vaya a ser mejor. Sinceramente, no lo creo en absoluto. Primero vamos a tener que aprender a distinguir y luego vamos a tener que legislar. Y cuando hay algo en IA, tiene que poner IA.
Me parece muy bien, pero yo no pienso cambiar a Tito Vivas hablándome de Egipto por una super IA de puta madre con imágenes de puta madre. No pienso cambiarle. ¿Es que alguien va a escribir o va a dibujar unos cómics como Carlos Jiménez? ¿Es que va a venir la IA a dibujar lo que ha hecho Carlos Jiménez a lo largo de su vida? Es una gloria nacional con 80 años. Es imposible, somos humanos por eso… porque hacemos cosas.
Somos humanos porque hay un tío que se levanta por la mañana se pone una bata y se pone a mirar por un puto microscopio. Hay un tío que se levanta por la mañana se mete en un quirófano y le opera a un niño un tumor de cerebro y se tira 12 y 15 horas operando un cerebro de un niño de 6 meses. Eso es lo que nos hace humanos. Todo lo que nos ayude… de puta madre, bienvenido… pero a la hora de componer una canción o escribir un libro me parece que hay una gran diferencia.
Tenemos que aprender a distinguirlo. Spotify y compañía no van a hacer nada. Porque si es negocio ellos pueden ganar dinero. No tienen que pagar derechos de eso y por eso no van a hacer nada. Lo malo no son las herramientas sino el uso que hacemos de ellas. Es otra manera de verlo. Que sea mejor o peor, pues ya lo dirá el tiempo.
Tú eres una figura que siempre se ha manifestado públicamente de manera clara. ¿Consideras que los músicos jóvenes de hoy tienen más dificultad de expresar sus opiniones por miedo a las redes sociales o a la cancelación?
R - Tú lo has dicho en la pregunta… Tienen miedo y les han cerrado la boca. Es una cosa acojonante. Tienen, básicamente, miedo y ese miedo se lo transmite el mánager, la compañía de discos y sus familias. “Tú no te metas en líos que luego te tiene que contratar todo el mundo” … eso nos lo han dicho siempre. Lo que pasa es que eso es más peligroso ahora.
Analiza lo bueno y lo malo de las redes sociales. ¿Cuánto daño ha hecho Twitter y cuánto daño está haciendo X? ¿Y qué daño está haciendo al mundo la red de Trump? Todo lo malo que está pasando en el mundo está pasando por ahí.
Es acojonante cómo, un tío de 20 años se puede meter en una casa en Gaza, grabarse burlándose de los muertos y que salga en los medios. ¿Tú cómo ibas a lanzar ese mensaje antes? ¿Hay alguna televisión que hubiera permitido eso? ¿Hay algún periódico que hubiera podido permitir eso? Era imposible.
A mí qué coño me importa lo que diga alguien que no me interesa nada. A mí solo me importa lo que diga alguien con quien me tomaría un vino, con quien me daría una vuelta o con quien charlaría un rato. Te diré una cosa... Los mayores responsables de eso son los medios, incluso los medios serios y los medios importantes. Hoy tú entras en una entrevista de quien sea y dices lo que te de la real gana y no hacen nada porque lo que quieren es mucho clickbait.
Esto se arregla todo con el código penal porque las injurias, calumnias, amenazas, insultos, graves difamaciones… todo lo regula el código penal. Pero si es que entras en un chat de Barbie y se están matando a hostias… pero vamos a ver que locura es esta.
Claro…contra eso… los chicos se acojonan mucho y les da mucho miedo porque quieren hacer una carrera, les encanta la música y quieren vivir de esto. Si les hablas de cancelación se paralizan y eso es censura. La mejor manera de callar a un artista o a un pensador, es vaciarle el estómago. Cuando tú vacías el estómago, se cierra la boca y ese es el truco.
Ramón, la última y no jodemos mas ¿Le daríais, a día de hoy, algún consejo al Ramoncín que empezaba? y luego… si tuvieras que resumir tu legado en una frase o en un par de frases ¿Cuál sería?
R - Al que empezaba no…. pero en la parte intermedia sí. Hay un momento en la parte intermedia que le diría… “mira bien quiénes son tus amigos… los de verdad”. Yo no los he perdido. Tengo un chat de 29 personas, donde solo hay dos que faltan porque han fallecido que son Felisín y Sergi. El resto estamos ahí, en el barrio y eso es lo que te pone con los pies en la tierra. Lo que decíamos al principio y en el barrio tenemos una frase que es… “no te enjabones, que te corto el agua”. La usamos cuando se está tirando a alguien el rollo. La otra pieza fundamental es tener una familia potentísima que te diga que te has colado en un momento concreto. Al Ramoncín de la mitad le diría “aprende a distinguir entre los colegas, los compañeros y los coincidentes laborales”. Aprende a distinguir porque, cuando vas con la bandera y llueven hostias, te vuelves y vas tú solo con la bandera.
Si hablo del posible legado artístico, yo creo que he ayudado toda mi vida a cambiar las cosas y a cambiar las cosas a mejor. Que la gente recuerde que este tío fue el primero que decidió que las cosas tenían que cambiar, el primero que se partió la cara, el que se puso en la tele y cantó “marica de terciopelo” en directo en un programa que había 18 millones de personas. Todo eso, en un momento en el que no teníamos ni constitución, hasta diciembre no había constitución, ni democracia real y este tío decidió salir ahí para cambiar las cosas y que produjo una reacción los chavales muy jóvenes.
Los viejos dijeron… “a este hay que fusilarle”, los mayores dijeron… “este es maricón” y los más jóvenes dijeron “yo quiero ser como este”. Eso se lo cuenta el Loco (Loquillo) a Evole en su entrevista… “cuando yo vi a Ramón en la tele yo me dije… Si él lo hace, yo lo hago también”. Esa es la verdad, un tío que ha intentado hacer las cosas bien.
Dicho esto, a mí me preocupa mucho más el legado entre mis amigos, mis hijos y mi familia. A mí lo que me preocupa es que mis hijos, el día que la palme, digan “que putada, he perdido a un tío divertido y entregado”. Yo trato a mi familia, a mis hijos y a mis amigos como lo más importante de la vida. Esa sensación que digan “ostia, vamos a ir al Rosell a tomar un vino y no está Ramón”. Ese es el legado que quiero dejar, que me echen de menos en la taberna de mi barrio.