NACHO VEGAS
La importancia de lo real

NACHO VEGAS La importancia de lo real

La gira 2026 de Nacho Vegas, presentando Vidas semipreciosas, no es una sucesión de conciertos al uso, sino un relato en movimiento. Un itinerario emocional, donde cada ciudad, está funcionado como capítulo de una misma historia incómoda, política y profundamente humana.

Anoche, llegaba al mítico escenario madrileño de La Riviera, el músico asturiano. Su último trabajo, se acerca a un momento vital mas luminoso y colorista, que se aleja bastante del halo de músico atormentado. Ese músico que siempre estaba caminando los por los rincones mas grises del ser humano.

Hay artistas que salen a un escenario a confirmar lo que ya sabíamos de ellos. Pero en esta gira, cada concierto de Nacho es como un campo de pruebas, una grieta abierta donde sus canciones respiran, se contradicen y vuelven a nacer cada noche.

Desde las primeras fechas de la gira, ya se intuía que esta no iba a ser una gira complaciente, cono no lo es ninguna de las de Xixon. Durante el show se pueden ver distintos videos proyectados en las pantallas traseras que son una declaración de intenciones. Libertad, conflicto y memoria. Las seis de la Suiza, Pablo Hassel, Altsasu o los seis de Zaragoza son presencia viva y activa en las declaraciones y conciertos de Nacho Vegas.

El repertorio gira alrededor del nuevo disco, pero no se limita a presentarlo: lo expande. Canciones como “Los asombros” o “Deslenguarte” crecen en directo, se alargan, se tensan, como si quisieran romper su propia estructura. Hay momentos de dulzura casi frágil con “Fíu” o “El don de la ternura”, que conviven con otros de pura fricción política.

El concierto alcanza su punto de ebullición en la recta final con “Morir o matar” o “Tiempos de lobos” convierten la sala en un espacio casi eléctrico, donde el silencio pesa tanto como el ruido. No hay distancia entre artista y público, hay una especie de pacto tácito para sostener la incomodidad.

Y entonces llegan los gestos. Una versión desnuda de “Bravo”, sin artificios, que deja claro que esto no va solo de canciones, sino de tradición, de memoria política compartida. Los bises con Ser árbol o La pena o la nada fueron la traca definitiva de una noche perfecta en Madrid.

En esta gira Vegas no busca el aplauso fácil, ni el “greatest hits”. No aparecen por el repertorio temas clásicos de sus directos como El Hombre que casi conoció a Michi Panero, El Angel Simón, Miss Carrusel o La Ultima Atrocidad. Lo que propone es otra cosa, un concierto como espacio de pensamiento. En tiempos de consumo rápido, sus directos exigen atención. No hay escapismo. Hay preguntas. Hay tensión. Y, sobre todo, hay una voluntad clara de convertir la fragilidad en resistencia.

Musicalmente, la banda suena sólida, compacta, casi quirúrgica. Dos horas de concierto que no se sienten como un repaso de carrera, sino como una obra con principio, desarrollo y catarsis final. Estas vidas semipreciosas no hablan de héroes ni de épicas grandilocuentes, sino de gente común, contradictoria, de heridas y de dignidad.

Seguramente en este 2026 y en este mundo en el que vivimos, quizá eso sea lo más honesto que se puede ofrecer en un escenario.

Autor: Víctor López
Lugar: Madrid
24 de abril de 2026