El sábado, Embusteros aterrizó en La Sala del Movistar Arena dentro de su “Vértigo Tour”, una gira con la que están presentando en directo su último trabajo, Vértigo. El grupo liderado por Jose Espin, confirmó su crecimiento en el circuito de salas del país. Madrid volvió a caer rendida ante su magnetismo y la banda cordobesa, demostró que su momento no es casualidad, sino el resultado de años de carretera, canciones que crecen en directo y un público que ya corea cada estribillo como propio.
Pasaban unos minutos de las 21:00h, con la sala ya caliente y expectante, cuando el grupo apareció sobre el escenario entre aplausos y teléfonos en alto. El arranque fue inmediato: guitarras afiladas, bases contundentes y esa mezcla de indie, pop y electricidad que se ha convertido en la marca de la casa. No había tiempo para dudas. Embusteros venían a darlo todo y lo querían demostrar desde el primer tema,
El concierto giró, como era de esperar, alrededor de “Vértigo”, su último trabajo. Un disco que ha ampliado su sonido hacia terrenos más emocionales, y que en directo adquiere una dimensión mucho más intensa. Los nuevos temas se entrelazaban con canciones ya asentadas en su repertorio, generando una montaña rusa de energía que el público no tardó en abrazar.
Desde las primeras filas hasta el fondo de la sala, el ambiente fue creciendo canción tras canción. Palmas, coros y un público entregado que parecía conocer cada palabra. La banda, consciente de la importancia de la cita, respondió con un show compacto, dinámico y sin apenas respiro.
Hubo momentos de euforia colectiva, de esos en los que la sala se convierte en un solo cuerpo saltando al ritmo de las guitarras, pero también instantes más íntimos donde la emoción se colaba entre acordes y luces tenues. Ese equilibrio entre potencia y sensibilidad es precisamente uno de los puntos fuertes del grupo.
Sobre el escenario, Embusteros se mostraron cómodos, disfrutando del momento. Entre canciones, las miradas cómplices y las sonrisas dejaban claro que estaban viviendo una de esas noches que marcan una gira.
El tramo final llegó con la intensidad por las nubes. La sala ya estaba completamente entregada y cada estribillo se convertía en un grito colectivo. Cuando el último acorde se apagó, quedó la sensación de haber asistido a uno de esos conciertos que confirman algo evidente: el crecimiento de Embusteros ya no es una promesa, es una realidad.
Como comentó Jose durante el show, hubo tiempos de 15 personas en una sala, tiempos duros y de dudas, pero el presente es luminoso para Embusteros y nos hace muy felices.
Mientras pasa la vida, nosotros seguiremos en un baile infinito con Embusteros.