MARISA VALLE ROSO
Raíz, emoción y memoria

MARISA VALLE ROSO Raíz, emoción y memoria

El martes 13 de enero de 2026, la icónica Sala El Sol de Madrid —en pleno corazón de la ciudad— se llenó de expectación y calor humano a pesar del frío invernal. La artista asturiana Marisa Valle Roso subió al escenario alrededor de las 21:30 h para presentar en directo su último trabajo y conectar con el público madrileño desde la emoción, la palabra y la raíz sonora. 

Desde los primeros acordes, la sala, conocida por su ambiente íntimo y su historia como uno de los templos del directo en Madrid, quedó impregnada de una mezcla singular: folclore tradicional asturiano, pop contemporáneo y matices poéticos. Valle Roso, con su voz característica, calmada pero profunda, consiguió que el público se sumergiera en un viaje musical que iba más allá de una simple actuación. 

Un repertorio lleno de sentido. El concierto sirvió principalmente para dar vida a los temas de Cenicientes —el álbum que presenta historias y homenajes a la memoria colectiva, especialmente centradas en las mujeres de la Asturias minera y su fortaleza vital— así como para repasar momentos clave de su evolución artística. 

Canciones como “El tren de la libertad”, que homenajea la histórica movilización feminista de 2014, resonaron con fuerza en la sala, mientras que otras piezas, como “La Carbonera” o “Cenicientes del Carbón”, consiguieron crear un ambiente que combinaba la nostalgia de la memoria con la fuerza de la reivindicación. 

La artista no sólo interpretó con sensibilidad, sino que también tejió pequeñas historias entre canción y canción, hilando reflexiones sobre identidad, raíces y la necesidad de no perder de vista las voces que a menudo han sido olvidadas. Su capacidad para mezclar tradición y modernidad dejó una sensación de frescura y autenticidad en todos los presentes. 

Aunque la sala es de aforo menor que otros espacios de Madrid, su atmósfera íntima amplificó la conexión entre Marisa y quienes llenaron el lugar esa noche. Se notó una audiencia atenta, respetuosa y emocionada, que acogió cada tema con aplausos sinceros y, en varios momentos, con un silencio que solo se rompe con la respiración de quien está escuchando profundamente. 

No faltaron ovaciones especialmente sentidas tras las interpretaciones más comprometidas, donde la voz de Valle Roso se entrelazó con el público y transformó la experiencia en algo casi compartido: más que un concierto, una narrativa musical de historia y humanidad. 

Alrededor de las 23:30 h, tras más de dos horas de actuación, Marisa despidió su concierto con una sonrisa y una sensación de gratitud palpable. Los asistentes abandonaron la sala con el eco de melodías que retumbaban en la memoria, conversando sobre letras, sensaciones y la potencia de una música que une tradición y presente. 

En definitiva, fue una velada que celebró la música como puente entre épocas, historias y sentimientos, y que reafirmó a Marisa Valle Roso como una de las voces más singulares y enriquecedoras de la escena española actual. 

Autor: Víctor López
Lugar: Madrid
13 de enero de 2026