RODRIGO CUEVAS
Más que madreñas, abanicos y maquillaje

RODRIGO CUEVAS Más que madreñas, abanicos y maquillaje

Cuando el talento no se viste con ropajes prestados o con ropajes manoseados, nacidos de los libros de estilo, nace el arte de verdad. Aquel que no se compara, ni busca comparación porque bebe de las convicciones personales del autor. Arte sin miedo al fracaso, porque nunca nació con la vocación del éxito como objetivo, sino como mera consecuencia. Sin duda alguna, este es el secreto del éxito de Rodrigo Cuevas y así lo pudimos comprobar en la entrevista que le hicimos hace unos meses. Lo suyo nació de una necesidad y de un gusto personal, claramente lejos de los estilos y líneas musicales dominantes, pero que ha calado por diferentes motivos y de manera profunda dentro distintos tipos de sectores de la población.

Volvía Rodrigo Cuevas a Madrid con dos citas en la 10 edición del Inverfest. Dos citas que se agotaron en tiempo record y que, seguramente, se hubiera agotado una tercera a tenor de la demanda de reventa que había. Como anteriormente señalábamos, el público asistente era muy heterogéneo y no se repetía ningún patrón de edad, estética o "etiqueta" de esas que se suelen usar para catalogarnos como si de un rebaño se tratase.

Eran las 20.30h cuando se apagaron las luces del Music Station, uno de los nuevos espacios que se abren sitio en la oferta cultural madrileña, situado en la estación de Príncipe Pio. Como es habitual en sus conciertos, entre la profunda oscuridad de sala, se alzaba la voz de Rodrigo Cuevas pero sin rastro del cantante por el escenario. A paso lento se abría camino desde la entrada del recinto, entre el público asistente, para llegar al escenario mientras cantaba BYPA a golpe de abanico y enfundado en unas gafas negras. Así daba comienzo la romería y el manual del buen disfrute durante unos 90 minutos que nos supieron a gloria.

Con el músico ya en el escenario empezamos a saltar con Mas Animal, Allá Arribita y Arboleda Bien Plantada y la fría noche se tornaba en calurosa. Como ya vimos en Las Noche del botánico el año pasado, además de sus músicos habituales de cabecera que son Mapi Quintana, Juanjo Díaz, Tino Cuesta y Rubén Bada, venía acompañado por sus dos bailarines Paula y Pablo.

La verborrea del astur no paraba entre tema y tema, algo que se agradece de alguien tan bien armado mentalmente. Entre chascarrillos y ocurrencias varias, hubo tiempo para mensajes nada velados contra ese Madrid de la Libertad con el que nos han querido tomar el pelo, cuando la libertad va más allá de tomar unas simples cañas en un bar. La libertad es algo profundo pero con lo que es fácil banalizar, si los receptores están ávidos de mensajes contundentemente vacíos de contenido y carentes de sentido, aunque sea para "puto defender a España" o a su España.

Cual akelarre de bruxas bailando alrededor del caldero, público y músico danzaban al mismo son en una comunión perfecta. El ritmo, la locura y las pulsaciones se disparaban a golpe de bailes desenfrenados en temas como Casares, Como Ye o Xiringüelu y se reducían un poquito con Dime Ramo Verde o El Día que Nací Yo.

Para la ocasión, Rodrigo introdujo alguna variación en el vestuario. Apareció con un vistoso fajín rojo con bordados, camiseta transparente y pantalones acampados de terciopelo negro. Para el bis final se cambió al mono rojo de manga algo abullonada en el hombro.

Ese bis final empezó con la emblemática Rambalin y con Rodrigo sentado encima de una de los pódiums donde se ubicaba Mapi Quintana. Durante el concierto le pudimos ver sentado en el borde del escenario, tumbado en el centro del escenario, bajando a la valla de seguridad, saltándosela, volviendo al borde de la valla y volviéndosela a saltar otra vez. El brillante encanto del directo.

El bis final acababa con Muñeira para a Filla da Bruxa y Romería. Un final que nos deja con ganas de volver a ver a Rodrigo en directo una vez más.

Seguramente el éxito del proyecto empieza a tomar tal nivel que comienza a tener que separarse el proyecto del artista de la persona. Es una misma unidad pero las producciones cada vez serán más importantes porque los números lo avalan y cada vez más su multinacional (Sony) deseará ver el retorno de la inversión. Pero eso valores monetarios poco nos importan a nosotros, eso es cosa de despachos y ejecutivos. Nosotros nos quedamos con la persona, con la esencia, con "La Benéfica" en Piloña y con el músico que vive en una aldea alejada del duro postureo de Madrid.

Así, las madreñas, el abanico y el maquillaje volvieron a conquistar el Madrid.

Autor: Víctor López
Lugar: Madrid
15 de enero de 2024