Bunbury y la presentación de Licenciado Cantinas ha hecho parada y fonda en su gira española con los pasados 4 conciertos en la madrileña Sala La Riviera. Después de firmar el
disco más complicado en su carrera, por lo menos para el público patrio, un álbum de Bunbury y para Bunbury, llegaba la hora del directo, donde el animal escénico que
lleva dentro cobra su máxima expresión.
Madrid no falla a las convocatorias del maño y La Riviera ha estado llena en los cuatro conciertos. Una sala muy habitual en tiempos del Cabaret Ambulante, Radical Sonora o incluso de Héroes pero últimamente poco frecuentada por Bunbury.
Sobre las 21:00h se apagaron las luces del recinto y los Santos Inocentes (banda que acompaña a Enrique) apareció en escena para
tocar El mar, el Cielo y Tú. Una vez sonaron los primeros acordes de Llévame, tema con el que abrió fuego el show, apareció sobre el escenario la delgada e inconfundible silueta de Bunbury. Fueron conciertos de garra y gran ritmo gracias a los temas cantineros como Ódiame,
Animas que no amanezca o El día de mi suerte y a los temas eléctricos más clásicos como
Si, El Extranjero o El hombre delgado que no flaquera jamás. Tenemos que destacar las revisiones mestizas y fronterizas que hizo de Big Bang y La señorita
hermafrodita.
Sin duda hay un nuevo himno en los conciertos de Bunbury y ese tema no es otro que De
todo el mundo. Una comunión que da lugar a unos minutos mágicos donde público y artista se ven reflejados en uno de los mejores textos del maño. Otro de los momentos especiales del concierto del sábado fue cuando Enrique invito a Mikel Erentxun a subirse al escenario para tocar con él Bujías para el dolor.
El set-list ha variado cada noche y en función del día, el público ha podido
disfrutar de temas como Ahora, El tiempo de las cerezas o San Cosme y San Damian. Después de dos horas de concierto y tras dos bises, Bunbury ha vuelto a recuperar para acabar su show una remozada versión de Y al final. Tema perfecto para despedirse del respetable y que desapareció de su
repertorio durante la gira de Las Consecuencias.
Algunos de los temas más habituales en los conciertos del maño como Lady Blue o el icono por excelencia que es Apuesta por el Rock & Roll se han caído del set-list pero no se echaron de menos en la acertadísima elección.
Todo eso es Bunbury: Teatro, exceso y Rock.
Teatro: Esta claro el valor que tiene para Enrique la puesta en escena de cada uno de sus trabajos. Fue un Show trabajado al milímetro, de principio a fin, en pos de un resultado estético y sonoro perfecto. Una puesta en escena calculada donde una iluminación medida, acompañó cada uno de los cambios sonoros del concierto y arropó al músico en su
compleja e histriónica movilidad sobre el escenario.
Exceso: Bunbury en si mismo es puro exceso. Vestuario, pose y actitud. Quizás sea este el gran valor añadido de un músico que no sólo se conforma con reproducir sus discos en directo. Desde luego que no deja indiferente a nadie, quizás esa sea la esencia del verdadero artista, quizás
ese exceso sea la llama que ha alimentado el amor/odio que le ha acompañado toda su carrera.
Rock: Aunque había cierta incertidumbre entre el respetable que sigue al maño sobre cual iba a ser la presentación sonora del repertorio Cantinero, desde el
primer momento quedó claro. Bunbury es puro Rock, sabe hacer Rock y siempre es fiel a su esencia, por mucho que a sus detractores les pese. Le vimos realmente feliz sobre las tablas, cómodo en un concierto que conectó
desde el principio con el público asistente y donde quedó de manifiesto la madurez musical y personal de la que disfruta en este momento el "artesano musical".
El músico zaragozano, lejos siempre del inmovilismo, continúa ahora su gira de nunca acabar por tierras americanas.
Texto y Fotos: Victor López.