La noche de la esperanza…
La noche para salir del hastío de lo cotidiano…
La noche lejana del gris mediocre…
La noche en lucha con las fórmulas de corta y pega…
La noche que confirmó que León Benavente es la esperanza
que nos hacía falta en el panorama musical actual.
Voy a empezar por el final pero es que hay emociones que te mantienen la
sensación de euforia durante días. No voy a usar palabras gruesas
para dar cuerpo a esta crónica, voy a usar palabras gruesas porque si
no faltaría a la verdad de lo que pudimos vivir en el concierto.
Sinceramente brutal fue lo de Boba y los suyos. Una
energía que duro todo el concierto, un sonido brillante, limpio y con
empaque (y mira que La Riviera es jodida para sonar bien) y un buen rollo
encima del escenario que se siente al otro lado desde el minuto uno.
Dos eran las fechas que León Benavente había anunciado en
Madrid y para ambas habían colgado el cartel de entradas agotadas con
bastante antelación. Como ya vimos en la presentación para los
medios de su último disco, unos cortinajes dorados rodeaban toda la
parte posterior del escenario y una serie de focos se iluminaban desde
detrás. Serian sobre las 21:30h aproximadamente, del frio jueves
madrileño, cuando las luces de La Riviera se apagaron
para que empezara el show de los "cuatro monos". Desde ese momento y
hasta que acabó el show, vivimos la noche de la confirmación de
la esperanza.
Cronistas de lo cotidiano, de las miserias diarias y del panorama actual
que a veces tanto nos duele. Pero cuando ellos las convierten en
canción, aunque sea la del daño, pasan a ser parte de nuestra
realidad cotidiana. Huidas a California, salidas nocturnas
con brumas en la cabeza, vidas en el espejo cerca deLa Ribera o momentos personales que pasan por ser un Estado Provisional.
No hubo invitados, ni confeti, ni parafernalia brillante de bazar porque no
hacía falta. Con tres discos en el mercado tienen material suficiente
para armar un concierto tan intenso, robusto y directo como el del jueves.
La noche de la esperanza era una realidad y León Benavente se
confirmó como uno de los pocos nuevos grupos que hacen algo diferente.
Hacen música de raíces clásicas y trabajada con la
instrumentación y sonoridad más moderna. Les perdemos como
acompañantes de Nacho Vegas pero les ganamos para ese
club de imposibles como es el de Leiva, Bunbury, Loquillo y el propio Nacho. Músicos que
hacen música que con un poso más allá del ligero estribillo
y del baile de masas festivaleras de perfil único.
Sin darnos cuenta habíamos llegado a la parada de rigor. La noche nos
estaba pasando volada y con cierta tristeza veíamos desaparecer a la
banda entre los dorados cortinajes. Siempre esto es mala señal porque
anuncia que se acerca el final. Con el tiempo justo en el bis para
cambiarse las camisas, por otras secas, la banda volvió a salir al
escenario para descargar la última tanda de canciones.
Hacía tiempo que no veía un concierto tan bien cuadrado de
principio a fin. Un concierto con la intensidad necesaria en cada momento y
un concierto que resume perfectamente el trabajo bien hecho de esta banda.
Desde luego que "No hay miedo" y con ellos nos volvimos locos por
unas horas, sí, pero el tiempo suficiente para alejarnos de las
rutinas que nos devoran. No sé si están son las típicas
palabras de enamorado pero yo… les AMO.
Texto y Foto: Víctor López Aguado.