A veces resulta raro encontrar festivales donde la música y la cultura “si” importen y no esté el factor económico por encima de
todo. El Festival Cultura Inquieta respira otro aire desde la puerta.
Entras al recinto y lo primero que te encuentras es la exposición fotográfica del maestro Juan Pérez Fajardo con todos los
grandes del mundo de la música colgados en las paredes de entrada a la plaza. Leiva, El Cigala o Amaral adornan las
paredes donde en otros momentos, el festival de la muerte, toma importancia.
Entras al ruedo…y te encuentras con la posibilidad de realizar talleres lúdicos, pintar, ser maquillada o peinada y jugar al futbolín entre
otras cosas. Normalmente, en los festivales donde prima la caja, no se deja ningún espacio perdido que pueda ser ocupado por el valor de una
“entrada”. En el Cultura Inquieta no se siente, ni se respira eso. Realmente existe la sensación de que lo importante es el fondo y
no la forma, es decir, la cultura.
Por el escenario pasaron muchos grupos y de distinto estilo en una armonía casi perfecta. Desde Los Planetas a Gepes,
pasando por Nacho Vegas, el crisol musical es increíble. Sin postureo, ni artificio y si con muy buen rollo y mucho trabajo, salimos
enamorados del festival y de las gentes que lo organizan, porque tiene mucho mérito lo que han sido capaces de crear en estos tiempos.
Os invitamos a pasaros en las fechas que quedan y que no dejéis pasar la oportunidad de conocer algo que vas más allá de los grandes nombres
de un cartel de macro festival. Nos gusta su esencia y nos gusta Cultura Inquieta.
Texto y Foto: Víctor López.