Sin duda era la noche más especial de la gira de Leiva, quizás la más especial en su carrera, todo un sueño tocar en el Palacio de los Deportes…amén de tocar en su preciado Vicente Calderón.
Luces, telones blancos y los pasos de Leiva se encaminaron a las alfombras que cubren el escenario, bajo el ritmo de los primeros acordes de Los cantantes para comenzar el show. Energía, guitarras eléctricas y gran Cesar Pop manejando el rumbo de los sueños.
Podría ponerme a soltar el set list de principio a fin, contaros que sonaron Palomas, Afuera en la Ciudad, Vértigo oPólvora y a cual mejor. Que sonaron temas de discos anteriores como Eme y de épocas más pretéritas como Por mi tripa, Amelie o Como lo tienes tú pero me quedo con el sólo de guitarra que se marcó el madrileño al
borde del escenario en Windsor que hizo que el tiempo se parase por un momento y el extraño sueño futurista que tuvo cuando vio a
Dylan vestido de ciclista….sueños de genio.
Hubo tiempo para recordar a Los Rodríguez, para Ariel y Andrés que abrieron la puerta que otros anduvieron después.
Pero el momento más especial, más brillante de la noche es cuando vuelve Leiva en solitario al escenario tras el primer bis. Con su
acústica en la mano y con la oscuridad en el escenario, solo rota por los blancos cañones que le iluminan. Empieza Vis a Vis y un
pequeño escalofrió te recorre el cuerpo, algo que te traspasa y te cala tan fuerte que te deja quieto, escuchando y alelado como un niño en
la noche de reyes. Este es uno de eso momentos en los que sabes que estas en el sitio adecuado y en el momento adecuado.
Para el que les habla, o mejor dicho, les escribe, era la cuarta vez que disfrutaba del directo de Leiva en esta gira. Desde su
presentación en La Riviera, pasando por Cáceres y haciendo parada en San Sebastián de los Reyes.
Vivimos un concierto apasionante, no cabe duda, pero quizás no el mejor de esta gira. Faltó algo de hermanación de cantante, banda y
público, que se logró conseguir sólo en los 5 últimos temas. Temas donde el descontrol, la raza y el rock&roll brotaron del
escenario en mil direcciones e hicieron del Palacio una verdadera olla a presión.
Las 10.000 personas que llenaron el recinto, vivieron y se dejaron alma y voz en cada uno de los temas, porque por otra cosa no será, pero la
discografía del madrileño está llena de pelotazos. Raza y sentimientos casi a partes iguales que nos dejan con ganas de más Leiva y de
más Rock&Roll.
Texto: Víctor López Aguado.
Foto: Roberto Almendral