El pasado
martes, día 27, se celebró en el palacio de los Deportes de Madrid la primera edición
del Fnac Music Festival. Con un cartel aparentemente fuerte como son The
Noises, Second, Christina Rosenvinge, Iván Ferreiro, Love of Lesbian y Amaral, parecían
los ingredientes suficientes para cocinar un éxito rotundo. En estos tiempos
complicados, vender 8.000 entradas es una cifra respetable pero queda muy lejos
del éxito de afluencia que los organizadores pretendían alcanzar, si tenemos
presente que el Palacio de los Deportes puede albergar hasta 15.000 personas.
Sin duda, creo que desde la organización del concierto no se ha vendido bien el
formato del Festival. Si desde un primer momento se hubiera explicado que
AMARAL estaría más de una hora y media encima del escenario y que el resto
de grupos tocarían entre 6 o 7 canciones cada uno, estoy convencido que la
venta de entradas hubiera sido mucho mejor. Por que, hoy por hoy, el público
que acompaña a Love of Lesbian o Christina Rosenvinge no es el mismo que el de Amaral.
Si queremos
sintetizar en pocas palabras lo que fue el festival, podemos decir sin miedo a
equivocarnos, que fue la noche donde se demostró que Amaral está en el escalón
más alto de la música nacional. The Noises y Second están
trabajando por hacerse un hueco en el panorama musical y su guerra se centra en
dar a conocer sus trabajos ante el gran público. Si atendemos a los nombres
importantes del cartel, la propuesta musical de Christina Rosenvinge es
muy difícil de defender en un escenario tan grande y aunque tuvo varios
momentos destacables, en general dejó bastante frío al respetable. Ivan
Ferreiro es muy grande y fue capaz, a base de tirar del oficio que tiene a
sus espaldas, de levantar al público de sus asientos y caldear el frío ambiente
del Palacio. Love of Lesbian eran uno de los platos fuertes del cartel y
su actuación se quedó lejos de lo esperado. Con más intención que acierto, los
de Santi Balmes no sonaron especialmente bien y su líder tuvo que
exprimirse el máximo sobre el escenario.
Sobre las
23.10h, aproximadamente, Amaral hacía su aparición en el escenario para
presentar en la capital su último trabajo Hacia lo Salvaje. Después
de presentarlo en teatros y auditorios de media España, con el cartel de "Entradas
Agotadas" en la mayoría de ellos, era la hora de Madrid y de volver a
verlos a un gran escenario, similar al que utilizaban en giras anteriores.
La banda de
Eva y Juan tenía en sus manos salvar una noche que hasta el momento no estaba
cubriendo las expectativas. Fueron 20 los temas seleccionados por los maños
para dar un concierto eléctrico, vibrante y sin espacio para la tregua. Además,
nos alegró mucho ver que Toni Toledo, batería del grupo, ya está muy recuperado
de la lesión que sufrió en su mano y que obligó al grupo a aplazar un par de
conciertos.
Sonaron los
12 temas que componen su último disco y temas clásicos de su repertorio como Kamikaze,
Estrella de mar o Sin ti no soy nada. Para sorprender a su público,
empezaron el concierto con la potente En solo un segundo donde la voz de
Eva alcanza registros espectaculares. Continuaron dando caña con Hacia lo
Salvaje, Esperando un resplandor y Kamikaze. Otro de los
momentos brillantes, donde las guitarras de Juan y de Jaime tomaron fuerza, fue
en Las puertas del infierno que enlazaron sin parar con No se
que hacer con mi vida. El momento más tranquilo e íntimo del concierto
llegó con Olvido y Riazor, probablemente las mejores canciones del
disco. Se despidieron del escenario por primera vez cantando a dúo con el
público Van como locos. Volvieron a las tablas para hacer su primer bis
con Robin Hood. Cuando Eva se acercó a por su megáfono, comenzó una
catarsis general y empezó esa canción casi mesiánica dentro de su repertorio que
es Revolución. Con el tiempo previsto por la organización para finalizar
el festival cumplido y con las luces del Palacio de los deportes ya encendidas,
los maños volvieron al escenario para tocar un tema más. Habían prometido al
inicio del concierto que tocarían completo su último disco y les faltaba uno de
los temas. Guitarras en mano, haciendo gala de una profesionalidad absoluta y
queriendo dar al público todo el set-list previsto, salió toda la banda para
tocar lo que es su último single Cuando suba la marea.
Fue el set-list
perfecto para la ocasión, dejando un directo impecable que entusiasmo a todos
los presentes y que hizo de Amaral la verdadera razón de ser del
festival. El único tema del repertorio que, aunque muy coreado por el público, quizás
se queda un poco descolocado del resto es El universo sobre mí. El
sonido eléctrico que ha mostrando el grupo en esta primera parte de la gira, encontró
en el gran escenario del Palacio de los deportes el marco ideal. La descarga de
energía que es cada concierto cobró la noche del martes su máximo esplendor.
Ahora habría que saber si el grupo se planteará volver a recintos más grandes o
si su nueva gira esta pensada solo para recintos íntimos y cercanos.
Como dijo el gran músico Leonard
Cohen "La vida a veces se reduce a seis acordes".